Este viernes quiero compartirles algunos de los principales insights de un episodio que escuché en el podcast de Mel Robbins con la doctora Shadé Zahrai sobre la autoconfianza.
Me pareció demasiado interesante como para no compartirlo, porque muchas veces pensamos que las personas seguras no dudan, no se cuestionan o no sienten miedo. Y no necesariamente es así.
De hecho, las investigaciones muestran que casi todas las personas han experimentado dudas o falta de confianza en algún momento. Es mucho más común de lo que creemos.
La diferencia es que las personas que logran avanzar no son las que eliminan la duda por completo, sino las que encuentran la forma de fortalecer eso que ya son, para no quedarse paralizadas frente a lo que sienten.
Incluso, mientras más alto es el cargo, más grande es el reto o más éxito se consigue, también pueden aparecer nuevas dudas: “¿y si no lo puedo sostener?”, “¿y si la gente piensa que no soy suficiente?”, “¿y si no estoy a la altura?”.
Por eso, para trabajar la autoconfianza, lo primero no es negar la duda, sino identificar frente a qué tipo de duda nos estamos enfrentando.
Porque la duda no siempre se ve igual.
A veces aparece como sobrepensar todo. Otras veces como querer complacer a todo el mundo. También puede verse como perfeccionismo, procrastinación, comparación, resentimiento, culpa, estar repitiendo conversaciones en tu mente, despertarte en la noche pensando en lo que dijiste o dejaste de decir, ponerte frenos tú mismo o pedir disculpas a cada rato, incluso cuando no hiciste nada malo.
Y eso, poco a poco, va debilitando nuestra confianza.
Porque cuando vivimos dudando de nosotros mismos, aparecen los pensamientos negativos, la autocrítica, la inseguridad y esa sensación de “no soy suficiente” o “no valgo lo suficiente”.
Y cuando dudas demasiado de ti, pierdes oportunidades.
No porque no tengas capacidad, sino porque no te atreves a moverte con la seguridad que necesitas.
Algo que me encantó del episodio es que la doctora Shadé Zahrai explica que no se trata de eliminar las dudas, sino de fortalecer cuatro partes de nosotros que nos ayudan a atravesarlas.
Ella habla de las 4 A:
1. Aceptación
Aceptar que eres una persona en proceso. Que no tienes que tener todo resuelto para reconocer tu valor. La aceptación no es conformismo; es dejar de pelearte contigo para poder avanzar desde un lugar más sano.
2. Agencia
Es confiar en que puedes hacer lo que necesitas hacer. Y si todavía no sabes cómo, puedes aprender. Esta parte me parece clave, porque muchas veces no damos el paso porque creemos que deberíamos sentirnos listos antes de empezar.
3. Autonomía
Es recordar que, aunque no puedes controlar todo, sí puedes enfocarte en lo que depende de ti. Y eso cambia completamente la manera en la que enfrentas una situación.
4. Adaptabilidad
Es la capacidad de ajustarte, aprender, cambiar de ruta y seguir avanzando cuando las cosas no salen exactamente como esperabas.
Y mientras escuchaba el episodio, pensaba en cuántas veces nos bloqueamos no por falta de talento, sino por falta de confianza.
Cuántas veces una mujer preparada no levanta la mano.
Cuántas veces un profesional con experiencia no se atreve a cobrar mejor.
Cuántas veces alguien con una gran idea no la ejecuta porque espera sentirse completamente listo.
Y ahí está el punto: la autoconfianza no siempre aparece antes de actuar. Muchas veces se construye actuando.
No se trata de esperar a que desaparezca la duda para empezar. Se trata de reconocerla, entender de dónde viene y fortalecer esas partes de ti que te permiten avanzar incluso con miedo.
Así que si hoy estás dudando de ti, tal vez la pregunta no es: “¿cómo elimino esta duda?”.
Tal vez la pregunta es: “¿qué parte de mí necesito fortalecer para no dejar que esta duda decida por mí?”.
Porque tu confianza no se construye de un día para otro.
Pero cada vez que eliges avanzar, aunque no te sientas completamente lista o listo, empiezas a demostrarte algo muy importante:
que sí puedes confiar en ti.