Cuando pensamos en productividad, normalmente pensamos en organizar mejor la agenda, levantarnos más temprano, eliminar distracciones o encontrar una nueva herramienta que nos permita hacer más cosas en menos tiempo. Pocas veces pensamos que reservar un espacio para una actividad que simplemente disfrutamos también puede ayudarnos a trabajar mejor.
Sin embargo, tener un hobby no es una pérdida de tiempo ni un lujo reservado para las personas que tienen pocas responsabilidades. Las actividades de ocio que disfrutamos pueden ayudarnos a desconectarnos mentalmente del trabajo, disminuir el estrés, recuperar energía y experimentar una sensación de dominio al aprender o mejorar una habilidad.
Una revisión académica que reunió evidencia de miles de investigaciones encontró relaciones entre la participación en actividades de ocio y distintos beneficios para la salud física y mental, entre ellos un mejor manejo del estrés, mayor bienestar y protección frente al deterioro cognitivo.
También se ha estudiado su relación con el desempeño profesional. Investigaciones sobre el llamado leisure crafting, que consiste en utilizar intencionalmente el tiempo libre para realizar actividades que nos permiten aprender, relacionarnos o encontrar un propósito, han asociado esta práctica con mayor compromiso laboral, creatividad y percepción de desempeño en el trabajo.
Esto no significa que practicar un hobby vaya a convertirnos automáticamente en personas más productivas ni que deba transformarse en otra estrategia para rendir más. Precisamente, parte de su valor está en que no todo lo que hacemos tiene que generar dinero, convertirse en un negocio o producir un resultado medible.
Un hobby puede ser ese espacio en el que dejamos de cumplir expectativas y hacemos algo porque realmente nos gusta. Nos permite salir de la rutina, aprender, equivocarnos sin tanta presión, conocer personas y recuperar una parte de nosotros que muchas veces queda relegada entre las obligaciones.
Vivimos rodeados de estímulos y con una sensación permanente de urgencia. Queremos respuestas inmediatas, resultados rápidos y soluciones para ayer. Saltamos de una actividad a otra y, aunque aparentemente estamos descansando, muchas veces seguimos respondiendo mensajes, revisando las redes sociales o pensando en todo lo que todavía tenemos pendiente.
En medio de ese ritmo, es muy fácil planificar el trabajo, los compromisos familiares, las cuentas, los hijos, la casa y las reuniones, pero olvidarnos de reservar un espacio para nosotros.
En mi caso, ese espacio lo he encontrado en el pádel.
Para mí, ir al gimnasio no es un hobby. Es parte de mi rutina de cuidado personal, casi como cepillarme los dientes. Sé que lo necesito y, aunque no siempre tenga ganas, lo hago porque es importante para mi salud.
El pádel representa algo diferente. Cuando entro a la cancha, logro desconectarme de los pendientes y concentrarme por completo en lo que está pasando en ese momento. Me divierto, siento emoción, conozco personas, he hecho nuevas amigas y me relaciono con una comunidad con la que comparto algo que disfruto muchísimo.
Durante ese tiempo dejo de pensar en lo siguiente que tengo que resolver. Estoy presente. Y cuando termino, aunque pueda sentirme físicamente cansada, regreso emocionalmente recargada, con otra energía y muchas veces incluso con mayor claridad para retomar mis responsabilidades.
Ese es el verdadero valor que puede tener un hobby: no se trata únicamente de ocupar nuestro tiempo libre, sino de crear un espacio que nos permita salir por un momento de nuestros roles habituales. No somos solamente profesionales, padres, madres, esposos, líderes o personas que tienen que resolver problemas. También necesitamos momentos para jugar, aprender, compartir y disfrutar.
Por supuesto, hay hobbies que cuestan más y otros que requieren muy poca inversión. Para una persona puede ser practicar pádel, golf o fotografía. Para otra puede ser leer, caminar, cocinar, bailar, pintar, cuidar plantas, escribir, tejer, cantar o pertenecer a un club de lectura.
El objetivo no es compararnos ni elegir una actividad que se vea interesante en redes sociales. Tampoco es convertir el hobby en otra obligación que debamos cumplir perfectamente. Lo importante es encontrar algo que sea posible dentro de nuestra realidad y que verdaderamente nos genere disfrute.
Quizás alguien pueda practicarlo varias veces por semana. Otra persona podrá destinarle una hora semanal o incluso una vez al mes. No existe una frecuencia perfecta. Lo importante es dejar de esperar que el tiempo aparezca y comenzar a reservarlo de manera intencional.
Muchas veces pensamos: “Lo haré cuando termine este proyecto”, “cuando los niños crezcan”, “cuando tenga más dinero” o “cuando mi vida esté más tranquila”. Pero la realidad es que la vida casi nunca se queda completamente tranquila. Siempre existirá una nueva responsabilidad o alguna razón para postergar aquello que nos hace bien.
Por eso, dentro de las posibilidades de cada persona, también es válido destinar tiempo y presupuesto para una actividad personal. Lejos de ser necesariamente un gasto, puede convertirse en una inversión en nuestro bienestar, nuestra creatividad, nuestras relaciones y nuestra energía.
Y esa energía inevitablemente se refleja en la manera en que volvemos a nuestro trabajo, a nuestra familia y a nuestros proyectos. Cuando nos damos permiso para desconectarnos de verdad, muchas veces regresamos con nuevas ideas, mejor disposición y mayor entusiasmo para seguir avanzando.
Quizás la pregunta no sea solamente cuánto tiempo tienes disponible, sino cuánto tiempo estás dispuesto a reservar para ti.
¿Cuál es esa actividad que te permite olvidarte por un momento del reloj, los mensajes y los pendientes?
Y si todavía no la has encontrado, tal vez sea hora de comenzar a buscarla. No porque necesites llenar otro espacio de tu agenda, sino porque en una vida organizada alrededor de tantas responsabilidades también debería existir un momento destinado, simplemente, a disfrutar.