Los monstruitos que nos enseñaron a hablar de emociones

Viernes de recomendación.

Esta vez es para mamás, papás, niños y también para adultos, porque aunque yo los compré pensando en Robertito, ahora hasta los uso en algunos de mis cursos de inteligencia emocional.

Todo empezó cuando mi hijo tenía dos años.

Fuimos a un taller de inteligencia emocional para niños y ahí recomendaron el libro El monstruo de las emociones. Lo compré y, al principio, a Robertito le gustaba, lo veía, lo escuchaba, pero tampoco pensé que se iba a convertir en algo tan importante para nosotros.

Después busqué en Amazon y encontré los monstruitos en peluche y también en formato de títeres.

La verdad, ha sido una de las mejores inversiones que he hecho.

Tenemos el monstruito de la furia, tristeza, confianza, calma, alegría, amor, miedo y el confundido, cada uno representado con un color.

Poco a poco, Robertito empezó a reconocerlos y, con ellos, a reconocer también lo que estaba sintiendo.

Hoy tiene tres años y muchas veces puede identificar perfectamente una emoción.

Pero lo más divertido es que ya no los usa solamente para él.

En nuestra casa puede pasar perfectamente que Roberto esté molesto y Robertito le diga:

“Papá, tienes el monstruito rojo”.

O que me vea acelerada y me diga:

“Mamá, ponte el monstruito verde”.

Ahí terminamos los tres hablando de emociones de una manera mucho más sencilla.

Mi esposo y yo también los usamos entre nosotros. A veces decir “creo que tienes el monstruito rojo” genera una conversación completamente diferente a decir “estás bravo” o “estás de mal humor”.

Nos ayuda a ponerle nombre a lo que estamos sintiendo y, sobre todo, a entender que sentir una emoción no está mal, lo importante es qué hacemos con ella.

Eso es justamente lo que más me gusta de esta herramienta.

No se trata de evitar la tristeza, el miedo, la furia o la confusión. Se trata de reconocerlas, hablar de ellas y aprender poco a poco a gestionarlas.

Y aunque comenzó como algo para mi hijo, también me ha confirmado algo que trabajo muchísimo con adultos: la inteligencia emocional empieza por identificar lo que sentimos.

Muchas veces queremos gestionar una emoción cuando ni siquiera sabemos nombrarla.

Por eso me parece una herramienta linda para usar con niños, en pareja, en familia o incluso con equipos.

Además, gestionar nuestras emociones también forma parte del buen comportamiento.

Podemos conocer todas las normas de etiqueta del mundo, pero si no sabemos qué hacer con nuestra frustración, nuestro enojo o nuestra ansiedad, tarde o temprano eso se refleja en la forma en la que tratamos a los demás.

En nuestra casa estos monstruitos ya son parte de la familia.

Y más de una vez, el recordatorio del monstruito verde nos ha servido mucho más a los adultos que a Robertito. 😄

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