¿Hace cuánto no te pones un reto?

Progreso diario, salud y confianza

Soy fan de los retos.

Tal vez por eso hace años creé ConquistOrador, un reto de 21 días para trabajar la habilidad de hablar en público. Siempre me ha gustado esa sensación de decidir hacer algo, comprometerme y descubrir en el camino que era capaz de mucho más de lo que pensaba.

Mientras escribo este artículo estoy en mi tercera semana del Pump Challenge, el reto que organiza todos los años PUMP, el gimnasio donde entreno.

Y nuevamente confirmo algo: hay retos que empiezan siendo físicos, profesionales o personales, pero terminan trabajando mucho más que eso.

Trabajan la confianza que tienes en ti.

El psicólogo Albert Bandura hablaba de la autoeficacia, que tiene que ver con cuánto creemos en nuestra propia capacidad para enfrentar una tarea. Y una de las formas más poderosas de fortalecerla son precisamente las experiencias de dominio: hacer algo que nos desafía y comprobar, a través de nuestra propia experiencia, que somos capaces.

Creo que ahí está gran parte de la magia de un reto.

No se trata solamente de ganar un premio, bajar determinado número de libras, terminar primero o recibir una recompensa.

A veces el verdadero premio es llegar al final y poder decirte: “Lo hice. Me cumplí”.

Vivimos con mucha facilidad en piloto automático. Nos levantamos, trabajamos, resolvemos pendientes, repetimos rutinas y los días empiezan a parecerse demasiado unos a otros.

Un reto rompe eso.

Te obliga a incomodarte un poquito. A hacer algo diferente. A sostener una decisión incluso el día en que no tienes ganas.

Y los retos no tienen que ser enormes.

Puede ser entrenar durante una semana. Leer todos los días. Pasar tres días sin tomar cola. Levantarte más temprano. Practicar una habilidad. Hacer un reto espiritual. Roberto y yo también hemos hecho retos juntos, incluso un Capital de Gracia desde nuestra fe.

Puedes hacerlo solo, con tu pareja, con amigos o dentro de una comunidad. Particularmente disfruto muchísimo hacerlos acompañada. Hay algo especial en saber que otras personas también están atravesando el proceso, motivándose y tratando de llegar a su propia meta.

Si nunca has hecho uno, no tienes que empezar con 21 días.

Empieza con tres.

Elige algo concreto y alcanzable. Cumple esos tres días. Después prueba cinco. Luego siete.

No necesitas demostrarle nada a nadie.

Se trata de comenzar a demostrarte cosas a ti.

Por cierto, esos famosos 21 días no son una fórmula mágica para crear un hábito. La ciencia nos dice que formar uno puede tomar bastante más tiempo y depende muchísimo de la persona y de la conducta.

Pero 21 días sí pueden regalarte algo muy importante: 21 oportunidades para elegirte, disciplinarte y cumplir la palabra que te diste.

Así que hoy quiero dejarte un reto muy sencillo:

ponte un reto.

Tres días, cinco, siete, veintiuno. El número lo eliges tú.

Haz algo que te saque un poquito del piloto automático y te permita descubrir de qué eres capaz.

A veces necesitamos un desafío no para convertirnos en alguien diferente, sino para recordar todo lo que ya somos capaces de hacer.

2 respuestas

  1. Sentí la necesidad de compartirle que coincidentemente justo hoy pensaba en este tema de ponerme un reto. Justo antes de leer este artículo concreté uno y leer esto para mi fue como una señal para saber que sí soy capaz de hacerlo y que así como yo muchas personas se encuentran en una situación similar en la que existen deseos de progresar, cultivar nuestra mente y demostrarnos que si podemos.
    Más allá del hecho de demostrar a los demás de lo que somos capaces, siento que muchas veces nos olvidamos que a la primera persona que deberíamos agradar y hacer sentir seguros es a nosotros mismos.
    Una alegría y gratitud enorme haber leído esto en el momento preciso y necesario.
    Vamos a cumplir cada uno de esos retos!

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