Durante años he trabajado con profesionales que, en teoría, ya “saben hablar”.
Tienen experiencia, dominan su tema, incluso algunos han tomado cursos de oratoria.
Y, sin embargo, cuando llega el momento no saben comunicar una idea frente a otros algo no fluye.
Se traban.
Repiten.
Se pierden en sus propias ideas.
Y no, el problema no es la voz, ni las muletillas, ni siquiera los nervios.
El problema es más profundo.
Como parte de mi trabajo en imagen estratégica donde la comunicación es uno de los pilares más importantes acompaño procesos de mentoring en oratoria enfocados en algo que pocos entrenan realmente: la claridad del pensamiento antes de la expresión.
Y esto lo confirmé hace poco, trabajando con una cliente.
La historia que me lo volvió a demostrar
Estábamos preparando su presentación para un congreso internacional sobre estética y nutrición.
Ella conocía perfectamente su tema.
Tenía experiencia.
Tenía presencia.
Pero cuando empezamos a ensayar, dijo: “Y ahora les voy a presentar la estética y la nutrición…”
La detuve.
Le dije:
“No vas a presentar algo que tu audiencia ya conoce. Estás en un congreso sobre esto. No vienes a presentar vienes a profundizar.”
Se quedó en silencio.
Y luego me dijo algo que escucho más seguido de lo que imaginas: “¿Cómo se te ocurre eso?”
Y ahí está el punto.
No es que no sepan hablar.
Es que no están pensando estratégicamente lo que dicen.
Seguimos trabajando.
En otro momento quería usar la frase: “Y con esto la rompemos”
Le expliqué:
“Estás hablando en un contexto internacional. Esa expresión no es universal. Cada cultura la interpreta distinto o simplemente no la entiende.”
Y entonces vino la verdadera pregunta: “¿Cómo hago para darme cuenta de esas cosas?”
El verdadero error (y por qué te está frenando)
Muchos profesionales creen que comunicar bien es:
✔️ No usar muletillas
✔️ Tener buena dicción
✔️ Mantener contacto visual
Pero eso es la superficie.
La verdadera comunicación empieza antes: en cómo estructuras lo que piensas, en cómo eliges tus palabras según el contexto, en cómo conectas una idea con otra.
Cuando eso no está trabajado, pasa esto:
- Dices cosas correctas, pero no impactan.
- Sabes mucho, pero no logras posicionarte.
- Hablas pero no lideras.
Y ahí es donde se pierde influencia, oportunidades y ventas.
3 claves básicas para elevar tu comunicación desde hoy
No necesitas hacerlo perfecto. Pero sí necesitas empezar a hacerlo consciente.
1. No hables desde lo que tú sabes, habla desde lo que tu audiencia necesita
Antes de hablar, pregúntate:
¿Esto es nuevo para ellos o ya lo conocen?
¿Estoy presentando o profundizando?
Ese pequeño cambio redefine todo tu mensaje.
2. Elige palabras universales, no cómodas
Muchas veces hablamos desde nuestra jerga, nuestro país o nuestro entorno.
Pero comunicar bien implica traducir tu mensaje para que sea claro para todos.
Si alguien tiene que “interpretar” lo que quisiste decir, ya perdiste claridad.
3. Conecta ideas, no frases sueltas
Uno de los errores más comunes es hablar por bloques sin coherencia.
Entrena esto:
Cada idea debe llevar naturalmente a la siguiente.
Cada frase debe tener un propósito.
Porque comunicar no es decir mucho.
Es hacer que todo tenga sentido.
Ese día, mi cliente no solo mejoró su presentación.
Cambió la forma en la que piensa antes de comunicar.
Y eso más allá de la apariencia es lo que realmente construye una imagen profesional sólida.
Porque tu imagen no es solo cómo te ves.
Es la claridad, coherencia y estrategia con la que dejas huella en los demás.
Con cariño,
VAM 💜