Hace poco, dentro de Power Business Woman, tuvimos una masterclass con Paola Cano, coach en cambio de hábitos, titulada “Hábito Power: descanso y gestiono mi estrés”.
Después de su masterclass, volví a insistir en algo que para mí está totalmente conectado con la imagen personal y profesional: el descanso no es un tema aislado. La forma en la que descansamos también influye en cómo nos vemos, cómo nos sentimos, cómo respondemos, cómo lideramos y cómo nos presentamos ante los demás.
Muchas veces hablamos de proyectar seguridad, presencia, liderazgo, energía, claridad y confianza, pero nos olvidamos de algo básico: ninguna de esas cualidades se sostiene bien desde el agotamiento.
Una persona puede vestirse con intención, preparar una gran presentación, cuidar su postura y trabajar su comunicación. Pero si está agotada, tarde o temprano eso también se nota. No necesariamente porque “se vea mal”, sino porque el cansancio afecta la paciencia, la atención, la claridad mental, la forma de escuchar y hasta la manera de reaccionar ante los demás.
Por eso, para mí, hablar de descanso dentro de Power Business Woman tenía todo el sentido. La imagen no se construye solo desde afuera. También se construye desde adentro hacia afuera.
Vivimos en una cultura que muchas veces premia el hacer, cumplir, generar, responder, producir y estar disponibles todo el tiempo. Nos acostumbramos a pensar que descansar es algo que hacemos cuando ya terminamos todo, cuando en realidad el descanso debería ser parte de la estrategia, no el premio que nos damos al final.
Descansar no es flojera. Descansar también es gestión de energía.
En la masterclass, Paola compartió varios hábitos sencillos para mejorar la calidad del sueño y preparar mejor el cuerpo para descansar. Quiero compartir algunos porque me parecieron muy prácticos. Varios ya los aplicaba, pero hubo uno que no hacía, lo empecé a usar y he notado una diferencia real: la luz roja.
Me compré una luz roja para usar antes de dormir y, honestamente, no sé si es placebo o no, pero siento que mi calidad de sueño mejoró muchísimo. Lo que me gusta de este hábito es que no se siente complicado ni forzado. Simplemente baja la intensidad del ambiente y le empieza a decir al cuerpo: el día ya está terminando.
También se puede ajustar la luz del celular a tonos más cálidos o rojizos si de verdad necesitas usarlo en la noche. Aunque, siendo sinceras, lo ideal sería evitar el celular antes de dormir, o por lo menos dejarlo a un lado una hora antes. Y si una hora parece demasiado, empezar con treinta minutos ya puede ser un buen avance.
A veces el problema no es solo la pantalla, sino todo lo que consumimos ahí: mensajes pendientes, correos, redes sociales, noticias, comparaciones, temas que nos activan o pendientes que nos vuelven a poner la mente en modo trabajo.
El cuerpo está en la cama, pero la cabeza sigue resolviendo.
Otro tip importante es revisar el consumo de café. Muchas personas sienten que el café ya no les afecta, pero eso no siempre significa que no esté influyendo en la calidad del sueño. Puede que no te impida dormir, pero sí puede afectar qué tan profundo descansas. Por eso, una buena práctica es evitar café después de las tres de la tarde, o incluso antes si eres más sensible.
También está el tema de la cena. Lo ideal sería no acostarnos inmediatamente después de comer. No siempre vamos a poder cenar a las siete de la noche, porque la vida real también existe, pero sí podemos intentar dejar pasar un tiempo antes de irnos a dormir. Dormir con el cuerpo pesado o todavía en plena digestión no ayuda demasiado.
Otro hábito sencillo es crear una transición antes de dormir. Puede ser leer un libro que te guste, escribir una lista de gratitud, orar, rezar, tomar un baño de agua caliente, usar aceite esencial de lavanda o hacer una actividad tranquila que te ayude a cerrar el día.
Me gusta pensar que el sueño también necesita una entrada. No podemos pasar de la pantalla, el correo, las preocupaciones y la velocidad del día directamente a exigirle al cuerpo que descanse bien.
Necesitamos bajar revoluciones.
No se trata de tener una rutina perfecta. Hay etapas de la vida donde descansar bien es más difícil: hijos pequeños, preocupaciones, responsabilidades, cambios hormonales, temporadas intensas o cargas emocionales. Pero incluso en medio de eso, siempre hay pequeños ajustes que sí están en nuestras manos.
Tal vez no puedas cambiar toda tu rutina, pero sí puedes dejar el celular fuera de la cama. Tal vez no puedas dormir ocho horas perfectas, pero sí puedes bajar la intensidad de la luz antes de acostarte. Tal vez no puedas cenar siempre temprano, pero sí puedes evitar acostarte apenas terminas de comer. Tal vez no puedas apagar todas tus preocupaciones, pero sí puedes cerrar el día con una práctica más tranquila.
Una Power Business Woman no es una mujer que vive sobreexigida intentando demostrar que puede con todo. Es una mujer que aprende a liderarse, a observarse y a cuidar su energía para sostener mejor su presencia.
Al final, descansar también comunica. Comunica cómo te tratas, cómo cuidas tu energía y desde qué lugar estás intentando construir tu vida profesional.
Por eso hoy quiero dejarte esta pregunta:
¿Estás descansando para recuperarte o solo estás durmiendo porque el cuerpo ya no pudo más?
Quizás este viernes sea un buen momento para revisar tu rutina de descanso, no desde la culpa, sino desde el cuidado.
Un comentario
La mejor recomendación: la luz roja, me sigo despertando en las noches solo que ahora me duermo enseguida y no me quedo despierta millón tiempo como antes ☺️