Hace unos días vi una publicación sobre siete reglas para construir una cultura empresarial saludable. Entre los comentarios, alguien añadió una octava que me gustó especialmente: los líderes más fuertes no buscan que las personas dependan de ellos; desarrollan capacidades, entregan responsabilidad y forman personas que, incluso, algún día pueden llegar a superarlos.
Me quedé pensando en eso.
A lo largo de estos años he tenido la oportunidad de trabajar con muchos líderes, gerentes y CEO, y hay algo que siempre valoro muchísimo: encontrarme con personas que no solamente quieren seguir preparándose ellas, sino que también buscan oportunidades para que su equipo crezca.
Líderes que preguntan qué más pueden aprender sus colaboradores, qué herramientas podrían ayudarles, en qué deberían fortalecerse o qué capacitación podría aportarles para seguir desarrollándose.
Y eso, para mí, dice muchísimo de un líder.
Invertir en una persona no es solamente pagar un curso, un taller o una certificación. Es decirle de alguna manera: veo potencial en ti y quiero ayudarte a desarrollarlo.
Siempre he pensado que el conocimiento es uno de los mejores regalos que alguien puede recibir. Un cargo puede cambiar, una empresa también, pero lo que aprendiste, las habilidades que desarrollaste y las herramientas que adquiriste se quedan contigo.
Nadie te las puede quitar.
¿Qué ocurre cuando una empresa invierte realmente en su gente?
Los beneficios van mucho más allá de aprender una nueva herramienta.
- Aumenta el compromiso.
Las personas perciben cuando una organización se preocupa por su crecimiento. Sentir que alguien apuesta por ti genera una relación diferente con el trabajo.
- Se fortalece la autonomía.
Un colaborador con más conocimientos, herramientas y criterio necesita menos supervisión y puede asumir mayores responsabilidades.
- Crece la capacidad del equipo.
Cuando una persona se desarrolla, no crece sola. Muchas veces comparte lo aprendido, mejora procesos y eleva el estándar de quienes trabajan a su alrededor.
- Se generan nuevas ideas.
Aprender amplía perspectivas. Una persona expuesta a nuevos conocimientos tiene más recursos para cuestionar, proponer e innovar.
- Se prepara a los futuros líderes.
Las organizaciones sostenibles no esperan a necesitar un nuevo líder para comenzar a formarlo. Lo desarrollan mucho antes.
Se fortalece la cultura.
Cuando aprender forma parte de la dinámica de una empresa, el mensaje es poderoso: aquí no esperamos que las personas lleguen sabiendo todo; esperamos que tengan disposición para seguir creciendo.
Y creo que hay algo más.
Un verdadero líder no mira a su equipo solamente desde lo que puede producir hoy. También es capaz de ver todo lo que cada persona puede llegar a aportar mañana.
Para eso se necesita seguridad.
Seguridad para compartir conocimiento, enseñar, delegar, dar espacio, permitir que otros desarrollen criterio propio y, sobre todo, alegrarse cuando alguien que empezó aprendiendo de ti comienza a crecer y a brillar por sí solo.
A veces pensamos que ser indispensable es una señal de liderazgo.
Yo creo que es al revés.
Un líder deja huella cuando logra construir un equipo capaz, preparado y con herramientas suficientes para seguir avanzando, incluso cuando él no está presente.
Al final, los resultados importan muchísimo. Pero detrás de cada resultado siempre hay personas.
Cuando un líder decide invertir en ellas, no solamente está fortaleciendo su empresa.
Está dejando algo que puede acompañarlas durante toda su vida profesional.